El palacio de El Caballero de la Rosa
El palacio se encuentra, no podía ser de otra manera,
en Viena y desde el 8 de octubre de 1777 se llama palacio Auersperg.
En tal memorable fecha, el príncipe Johann Adam Auersperg adquirió
el palacio que había sido construido unos 50 años antes por el
constructor Giovanni Christiano Neupauer según los planos del
conocido arquitecto Johann Bernhard Fischer von Erlach. El
propietario era, sin embargo, un tal Hieronymus Capece de Rofrano y
así nos situamos en el corazón de ¨El Caballero de la Rosa¨.
Octaviano de Rofrano, el caballero de la corte de la gran emperatriz
María Teresa, el amante galante con la rosa de plata existió. Hugo
von Hofmannsthal buscó realmente para su libreto de ópera un
Rofrano como modelo para Octaviano, aunque en la vida real se
llamase Peter y fuese el hijo del tal Hieronymus que pagó por el
terreno de la casa, sobre el que existía una fábrica de tejas y
ladrillos, nada más y nada menos que 28.000 gulden en efectivo. Una
suma que podía permitirse, ya que desempeñaba el cargo de
administrador general de correos de los territorios de los Habsburgo
en Italia y en aquella época correos no tenía problemas económicos.
El dinero no tenía importancia en esta casa, pero sí la tenía la
música. El palacio es en sí mismo, según las palabras de uno de sus
visitantes más prominentes “uno de los acordes más bonitos de la
sinfonía vienesa”. Si además se añade que el visitante era nada más
y nada menos que el decano Robert Stolz, hay que reconocer que el
comentario procede de una autoridad. La música fue siempre el centro
invisible del palacio incluso mucho antes de que Richard Strauss
compusiese la ópera que tiene como héroe protagonista a un Rofrano.
Por ejemplo, después de 1760 se mudó a esta casa en calidad de
inquilino el mariscal de campo Friedrich Wilhelm von Sachsen
Hildberghausen. Este sensible e íntegro conocedor y amante de la
música consiguió que el director de sus famosas veladas musicales
fuese nada menos que Christoph Willibald Gluck. Este fue con toda
certeza un momento culminante de la historia musical del palacio,
pero no fue el único. Sabemos que en marzo de 1786 tuvo lugar una
representación privada de la ópera “Idomeneo“. La compañía de
artistas estaba compuesta únicamente por miembros de la alta
sociedad vienesa, entre ellos el barón Polini y el conde Hatzfeld.
Mozart, que escribía las partituras musicales para los intérpretes
nobles “a medida de sus cuerdas vocales” compuso especialmente para
esta ocasión una “scena con rondo“ con solo de violín. Otra
personalidad de la alta nobleza austríaca participó como actor en
una representación amateur en esta casa: el príncipe heredero
Rodolfo, cuatro años antes de su trágica muerte. Por aquel entonces
el palacio ya hacía tiempo que había pasado a ser propiedad del
príncipe Auersperg, por cuyo nombre se conoce el palacio actualmente.
Pero no sólo el edificio, sino también la calle donde se encuentra
se llama Auerspergstrasse para honrar la memoria del príncipe Adolfo
que fue durante ocho años Presidente del Consejo de Ministros.
Durante esta época el palacio fue el centro de la sociedad vienesa y
escenario de grandes fiestas y noches de gala. Se celebró aquí el
enlace matrimonial de una nieta del rey Gustavo Adolfo de Suecia con
el rey Alberto de Sajonia. Tres años más tarde se celebró en octubre
de 1856 un baile en el que participaron el emperador Francisco José,
que entonces tenía 26 años, con su esposa Elisabeth y todos los
miembros de la familia imperial.
Un capítulo brillante de la historia de Austria se refleja en la
historia del palacio Auersperg. Sin embargo, cuando el brillo de la
época se apagó para siempre la historia del palacio todavía no se
había acabado de escribir. Esta casa, tanto íntima como orgullosa,
alojó inicialmente la Oficina Federal para la Conservación de
Monumentos y pareció caer discretamente en el olvido la importancia
política y social que había tenido en otras épocas. Pero una placa
en la fachada frontal nos dice que esto no fue del todo así: “En
1945 se reunieron en esta casa patriotas austríacos, evitaron la
destrucción de Viena y sentaron las bases de una Austria libre en
memoria de los caídos. El movimiento de resistencia austríaco.“ No
se puede añadir nada más a estas líneas lapidarias, quizá sólo que
entre estos patriotas se encontraban nombres conocidos como el del
que sería más tarde Canciller Federal de Austria Ing. Leopold Figl y
los de los Presidentes Federales Dr. Theodor Körner y Dr. Adolf
Schärf. De este modo el abanico de personalidades de esta casa va
del administrador general de correos a los políticos contemporáneos
más importantes, y el número de prominentes visitantes continúa en
aumento independientemente del paso del tiempo o los cambios de
gobierno.
Donde los vieneses encuentran descanso quieren encontrar también
algo para el disfrute del oído y así los conciertos privados de
Auersperg siguen siendo una de las exquisiteces musicales vienesas.
Donde el oído disfruta también hay que cuidar la vista y en este
sentido numerosos artistas se ocuparon de ello durante generaciones.
El propio edificio majestuoso y sólido, pero a la vez delicado, el
fascinante parque con los enormes árboles, en cuya sombra ya se
refugiaba la emperatriz María Teresa o la elegante biblioteca, la
logia revestida de madera noble o el invernadero que Walter Slezak
calificó de “Schönbrunn en formato reducido“. En todos los rincones
domina una armonía cuidada y tranquila que no se puede crear, sino
que crece con los años, tal y como ha crecido esta casa construida a
las afueras de la ciudad en el lugar donde antes existía una fábrica
de tejas y ladrillos. Hoy es parte del corazón latente de esta
ciudad donde todavía se reúnen la sociedad, el arte y la política.
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